(a modo de eureka costeño)
En una visita cotidiana a un proyecto en la Avenida Tamacá, me encontré con esta poltrona. Una pieza de clara inspiración danesa o Mid-century Modern, aunque seguramente de fabricación local. Una buena silla.

En ese momento supe que la necesitaba. Pa’ entenderla, probarla y explorar sus iteraciones. Me la llevé después de acordar con el dueño un préstamo con la condición de restaurarla sin costo y devolverla.

Ya con la silla en la fábrica, nos pusimos en función de estudiarla. Primero hicimos una versión metálica donde la pieza clave eran los brazos. Replicamos el perfil y la tesis ergonómica, el ancho de los cojines y las inclinaciones. Eliminamos algunos soportes innecesarios para hacerla más ligera, y así quedó nuestra primera versión de la poltrona, la Skii.


Después, trabajamos otra versión con tejido. Para esto fue necesario compensar la falta de cojinería, ajustando las medidas generales del asiento; el largo, la profundidad y la altura. Esta fue la segunda edición y la que más se identifica con el trabajo original de Tucurinca. Paradójicamente, la más incómoda y la única que no quedó completa.
Finalmente, trabajamos una réplica exacta en madera. Elegimos roble para interiores y teca para exteriores. Aparte de algunos detalles cosméticos, también modificamos sutilmente la profundidad e inclinación del asiento y eliminamos los resortes porque no los conseguimos.
Así nació la Poltrona Tamacá.
En nuestro proceso creativo, siempre necesitamos algo de suerte; momentos fortuitos, hallazgos interesantes. Sin embargo, esta suerte no sería nada sin estar preparados y dispuestos a movernos con lo que viene. Cualquier día puede ser un golpe de suerte: hay que estar presente; observar, elegir, discernir. Tomar los momentos como oportunidades depende de cada uno. Es ahí cuando la suerte deja de ser solo suerte.
La suerte es para los que están preparados.
- Rafael F. Zúñiga
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